De repente mi
vida se vuelve una crónica, de cualquier cosa que pasa quiero escribir, pero
entre tantas cosas pienso que siempre escribo de problemas ¿acaso no puedo
escribir de cosas positivas en mis crónicas? Tantas cosas por escribir: lo
terrible del transporte público, la mendicidad, lo caro que es Santa Elena de
Uairen, los talibanes, la explotación de minas, la transculturación de los
pemon, en fin, tanto, pero quiero hablar de lo mágico, de lo hermoso, de esos
momentos que demuestran que la felicidad sí existe, a lo mejor es momentánea,
pero existe. Yo estaba allí, cuanto agradecí por estar en donde estaba, saber
que estaba en un lugar que no tenía explicación, La Gran Sabana. Es mágica, es
más que mística, es más que vida. Si el planeta toma la forma del cuerpo
humano, ese es un órgano muy importante.
Es de esas
oportunidades que se dan porque sí. Una semana de vacaciones, mi amigo siempre
me invitaba, mi mejor amiga y yo queríamos salir de viaje a como diera lugar,
así llegamos a La Gran Sabana después de casi veinte horas. Después de conocer
a Santa Elena y su vida cara, teníamos que llegar como fuese al Salto Kama,
pasamos una noche bajo la lluvia por no tener una buena carpa, amanecimos y
fuimos a conocer el salto.
El Santo Kama
lo vimos primero desde arriba porque no podía bajar ni bañarse debido a la gran
lluvia que azotó todo la noche. Pero ahí estábamos viendo su grandeza, una
cascada enorme, muchísima agua caía. No aguantamos más, teníamos que bajar a
verlo desde la punta, comenzamos un camino con muchos árboles, con escaleritas
y llegamos a la base del Kama Meru, cómo describir tanta belleza, tanta
enormidad; volver a creer en los dioses se queda corto a lo que sentí, claro
que existían dioses, yo estaba viendo uno, una inmensidad donde caía en tu cara
su llovizna de tanta agua, eso sí era agua bendita. Todos en silencio, qué se
podía decir ante ello, y de repente grité, grité mucho, qué alegría sentí, sí
valía la pena vivir, estaba donde tenía que estar. Eso es naturaleza, eso no
tiene explicación de cómo se hizo, pero estaba ahí, existía, y así era toda La
Gran Sabana seguramente, cómo habrá sido antes de que llegaran los españoles, a
lo mejor las caídas eran dioses y eso es más lógico que cualquier cosa en lo
que se cree ahorita. Luego de esos llamados de él, me tenía que bañar ahí,
tenía que hacerlo, aunque dijeran que era peligroso, fui entrando poco a poco,
la corriente era fuerte me daba un poco de miedo, además los ríos siempre me
dan mucho recelo y pienso en qué tocaré y esas cosas que adopta uno. Poco a
poco me fui mojando de su helada agua a la que fui acostumbrando, me bañé como
en un pocito porque habían sitios donde se veía que la corriente era peligrosa
de veras, pensé mucho en mojarme el cabello hasta que me sumergí y así estuve
jugando un rato con él. Sentía que me hablaba, que quitaba todas mis penas, que
decía “todo estaría bien”. Pues si estaba ahí, era porque iba a ser así.
Mientras en
Santa Elena, algunos de los Pemon se preocupaban más por su evangelización y
por la explotación de minas, mi más grande preocupación era que ese momento se
volviera eterno, que no se me olvidara nada, que poco tiempo me quedaba junto a
él.
Al volver a
Caracas a todos les parecía impresionante que había ido para allá con poco
dinero, gracias querido amor por haberme enseñado que para recorrer el mundo
muy poco importa el dinero, es más importante la valentía y dejar de escuchar a
los demás. Todos quieren ir a La Gran Sabana, todos tiene que ir, después nada
vuelve a ser igual.
Caracas,
23 de abril de 2014
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