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Mostrando entradas de junio, 2016

Tu, yo, el, aquel... y muy lejoss Puraaaa!

Tengo días, queriendo llevar un diario. Esta será una crónica publica podría decirse. A mi amiga con quien me paso esto hoy en la tarde, le llamare la Pura, no se es que en serio ella es mi amiga más pura que conozco, y cuando digo puraa, es puraaa, y con lo de hoy me di cuenta que aunque las dos seamos pequeñitas, mi amiga es aun tan inocente, parece que le falta eso que le llaman calle. Ella trabaja en un Ministerio como desde hace cuatro meses y hoy llega y me dice, a mi que a veces ya no me sorprende nada, me dice: Tengo que comentarte algo, que n ose que hacer. Ya me pone nerviosa, pensando en que será. Ella me dice con toda la seriedad del asunto, como una niña hermosa, que en su oficina haciendo un inventario de cosas que estaban ahí para ser donadas desde el 2014 y aun hoy no han llegado a su destino, varias de sus compañeras, agarraban cosas y no las contabilizaban. No es nada trágico, es que si habían 20 franelas, las que hacían el inventario agarraban 5 y no las contabiliza...

Apuytepeday y Kama-Meru

De repente mi vida se vuelve una crónica, de cualquier cosa que pasa quiero escribir, pero entre tantas cosas pienso que siempre escribo de problemas ¿acaso no puedo escribir de cosas positivas en mis crónicas? Tantas cosas por escribir: lo terrible del transporte público, la mendicidad, lo caro que es Santa Elena de Uairen, los talibanes, la explotación de minas, la transculturación de los pemon, en fin, tanto, pero quiero hablar de lo mágico, de lo hermoso, de esos momentos que demuestran que la felicidad sí existe, a lo mejor es momentánea, pero existe. Yo estaba allí, cuanto agradecí por estar en donde estaba, saber que estaba en un lugar que no tenía explicación, La Gran Sabana. Es mágica, es más que mística, es más que vida. Si el planeta toma la forma del cuerpo humano, ese es un órgano muy importante. Es de esas oportunidades que se dan porque sí. Una semana de vacaciones, mi amigo siempre me invitaba, mi mejor amiga y yo queríamos salir de viaje a como diera lugar, así lleg...

Los Talibanes y Memo

Desde que conocí a Memo lo primero que le escuché fue hablar de los talibanes, del gran comercio que también había en Santa Elena de Uairén sobre la gasolina, qué comercio, eso se llama contrabando porque pareciera que lo único barato que tiene hoy Venezuela es la gasolina. Memo no se cansaba de contarnos cómo los talibanes eran quienes movían los cobres en el pueblo, y por eso se decía que ahí todo era tan caro, además era su justificación porque aquí todos tienen plata, si no tienen comercio, pero todos ahora quieren ser talibanes, los taxistas han sustituido su trabajo para qué, adivinen, para “talibanear”: Memo nos decía siempre que podía. Los guardias son los principales cómplices, por ese negocio gana todo el mundo. Yo que pensaba que solo eso se daba en Colombia, en todas nuestras fronteras  lo que se busca es contrabandear gasolina. Nos dijo además “ya van a ver cómo el fin de semana esto se llena de brasileros” y cual profeta así fue, ¿pero qué tanto se puede hacer el fin...

¡Yo quiero parir naturalmente!

Celeny, la hermana de mi amiga Sara, se sumó a la gran lista de madres adolescentes de Venezuela. Hace cinco meses mi amiga me decía: “no puedo ir a la uni, tengo un problema”, y en mi cabeza ya sabía cuál era el problema. Cuando llegó al día siguiente y me dijo “adivina qué pasó con Celeny”, yo le dije “está embarazada”, y como pitonisas, como viejas dijimos lo sabíamos. Como pasa el tiempo de rápido, hoy Celeny ya es mamá con diecinueve años cumplidos, tiene como pareja un joven de veinticuatro años que no tendrá más de un año conociéndolo. Viven en la iglesia evangélica que les prestan a la mamá de Sara y sus tres hijas menores, además el bebé y el joven que embarazó a Celeny, mientras ella construye su casa. Celeny, es una joven que me parece tan bonita, con el cabello liso negro, medio mulata, ojos claros achinados y aunque pequeña, siempre aparentó más edad que mi amiga y yo. Que sin saber por qué tuvo relaciones con un hombre, quien ya tiene otra hija, sin protección y ...

Una vuelta por tres centavos

Siempre he creído, que cuando pasan cosas que te impactan deberías escribirlas al momento, porque si no se pierden los sentimientos, los encuentros. Trataré de retomar esta historia, que me pegó tanto en su momento. Con la Carta de Jamaica en las manos y dispuesta a ir al teatro, tomo el metro, mi unidad de transporte por excelencia. Como es cotidianidad del caraqueño que usa este medio de transporte, ya no nos sorprende la mendicidad, es muy raro más bien cuando te montas y no haya alguien ya sea vendiendo, o pidiendo. Aunque sea prohibido, en estos días viví la contradicción de que mientras la operadora recordaba que estaba prohibida la mendicidad y la buhonería, un buhonero iba vendiendo sus chicles. Retomo entonces, me monto en el vagón, y está un joven flaquito, que ya reconocía, pero que tenía algún tiempo sin ver, usa una gorrita, y se mueve con mucha dificultad, además de tener los labios pálidos, y no hablar muy bien, pero siempre tiembla; sufre de epilepsia. Uno no sabe ...