A Stringberg e Ibsen,
por habernos visto y observado. Disculpen si es tan poco. Todavía me falta todo
por aprender.
Julia llora en una banca. Nora se le acerca.
NORA: ¿Le pasa algo señorita?
JULIA: No. No, se preocupe. Siga su camino.
NORA: ¿A qué se deben sus lágrimas? Quizás pueda sentarme a
llorar con usted.
JULIA: (SECÁNDOSE LAS LAGRIMAS) ¿Por qué lloraría usted
conmigo?
NORA: Por compasión, por mí.
JULIA: Bueno siéntese a llorar. (LLORAN)
NORA: Es tan injusto todo. No nos tocó un papel tan fácil,
quieren que seamos frágiles y a la vez valientes. Que estemos dispuestas a dar órdenes
y a obedecer. Que seamos entre niñas y adultas. Además la culpa de todo es
culpa de nosotras. Es triste a veces estar en un mundo donde parece que hayas
llegado a ser esclava. No eres dueña de nada.
JULIA: Absolutamente de nada. El simple hecho de ser
hermosa, de ser joven, de coquetear es juzgado. Y cualquiera de ellos puede
dominarte.
NORA: Tus padres también te esclavizan. Acabo de abandonar a
mis hijos y siento que por lo menos los libere de mí. No creen que seamos
hombres. Se sientes superiores.
JULIA: Imagínate ahora que yo me fui de casa. ¿Cómo podre seguir?
NORA: El peligro que corremos ahora, es de lo único del que
me responsabilizo y me alegro de ello. Hoy dependo de mí. No quisiera ni
juzgarlos para no parecerme a ellos.
JULIA: Ni divertirse puede uno. Siempre vamos a perder
siempre. Yo dependeré siempre de ellos.
NORA: Eres tan joven para decir eso. Por lo menos procura
conseguir con alguien que te respete.
JULIA: Y que me guie. Es más fácil que decidan ellos por mí.
NORA: Si tú lo dices. No fui tan feliz de esa manera, bueno
tampoco nunca fui yo. Nora estuvo muerta todo este tiempo, no sé si ahora pueda
vivir. Buscare un trabajo.
JULIA: Yo buscare a un hombre. Me voy. Adiós.
NORA: Cuídate mucho. Feliz invierno.
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