En soledad, dediquemonos a escribir del mundo. De los que nos ocurre. Y aunque uno no debería darle fuerza a lo negativo hablando de ello, pues todo pasa. A mis treinta y pico de años, tengo más miedo que nunca, de los hombres, del sexo masculino. Pienso que lo peor que me podría pasar es ser un número más de feminicidio. Porque no elegí una vida sencilla, monótona, sedentaria si no que aunque cada vez seamos menos, aún existimos los nómadas, gitanos. Y quizás lo único que podemos medio celebrar, es que y que la liberación femenina nos permitió eso, el ser del 2000 nos permitió ser viajeras. El único motivo que me mantiene de pie aún hoy es poder seguir viviendo el único sueño que tengo caminar sudamérica. Pero así como hay libertad, el patriarcado, el machismo, las enfermedades mentales sexuales, la maldad, los demonios, se han multiplicado. Debemos cuidarnos, para que no digan que también tuvimos la culpa, por locas, por tener sueños distintos, por no tener miedo a caminar, por querer conocer. En un año, son dos los casos más conocidos, dos artistas de verdad, verdad, viviendo la emancipación de su época, viajando solas en bicicleta. Sin sospechar bajo ninguna circunstancia que unos enfermos acabarian con sus vidas, por la sexualidad. Duele mucho, nos duele como si hubiese sido a nosotras mismas, y nos suman miedos. Y cuidados. Por mi parte es tan doloroso, que bueno solo quería decir que me afecta. Que nos queremos vivas. Que debemos cuidarnos realmente. Amarnos, ayudarnos. Saber que somos vulnerables, aceptar. Mirar a nuestro alrededor y desconfiar. Pero bueno sigamos soñando. Que la divinidad nos proteja, que dios krsna nos acompañe. Por Carolina, por Julieta, quisiéramos que el patriarcado cayera, que se enseñará más en casa a cuidar a las mujeres, a no golpiarlas; a estar atentas a nuestros compañeros, a los hombres a cuando presenten síntomas de desequilibrio. A saber decir que solo el hombre tiene la culpa, nosotras no, solo nos enseñaron a soñar.
Ni contar que quizás también de lo que más me hizo ruido de la historia que cuenta Naty de Carol, es que su cuerpo estaba identificado como indigente. Y de eso podemos estar seguros, eso somos para el sistema y la verdad es que quizás eso es lo que somos porque no somos parte de este sistema y sus reglas. No importamos, y cuando de ponernos en una cifra se trata obvio seremos esos, habitantes de calle. Casi no personas por no ser parte de este sistema capitalista, asesino, patriarcal.
La basura del mar no mejor lloremos, ya desde que las embarcaciones se crearon el mar empezó su proceso de muerte. Los barcos lanzan la basura al mar sin la menor misericordia.
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