Los días en la selva de cemento, a veces parecieran empeorar para LaMari, entre acostumbrarse en ver las colas para comprar un pan que parecieran un mal sueño por lo largas que son, y todos comprando las canillas y comiéndoselas de una vez porque la ansiedad es insoportable. Van todos con su canilla, con su pedazo caliente en la boca. Que quede claro que como me leas es tu compromiso, solo escupimos conejos. El calor que hace recordar aquel frió que se cocina en lo escondido, en los amantes que se aman a escondidas. Por ahí va LaMari, sin saber que transporte escoger porque las opciones son igual de caóticas, un pasaje exagerado urbano ya casi en 60 bolos y que por esto, el metro lleva gente hasta entre cada vagón y no de un pasajero si no de muchos metidos ahí, agarrándose de cualquier cosa con tal de llegar a otro lugar. No a vivir si no a desplazarse, sí a vivir esto que se llamo vida, donde la opción es seguir no importa porque lo hagas. Dentro del vagón puedes ahogarte, en el me...
En la búsqueda de saber prosar...